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Ruta náutica | La Esperanza y La Covacha

Se trata de una ruta organizada por el Fondo para la Custodia y Recuperación de la Marisma Salinera, SALARTE.

Partiendo del Muelle de Puerto Real, y a bordo de embarcaciones tradicionales, conoceremos la salina tradicional mejor conservada de la Bahía de Cádiz: la Salina La Esperanza, en la que la Universidad de Cádiz lleva a cabo un proyecto de seguimiento científico de las aves y la recuperación del oficio y saberes del maestro salicultor a través de la cooperativa Salinas Artesanales Gaditanas, S.C.A.

Podremos ver chorlitejos, cigüeñuelas, avocetas, correlimos, agujas, flamencos y espátulas mientras conocemos el funcionamiento de una salina y la legendaria historia que atesoran este hábitat marítimo-terrestre.

Tras la visita a la salina, embarcaremos de nuevo para navegar por el saco interno de la Bahía de Cádiz y atravesar el Caño del Trocadero por el que las tropas napoleónicas y españolas lucharon durante la Guerra de la Independencia. Recorreremos los fangos intermareales de la Bahía de Cádiz, hábitat fundamental para la alimentación y descanso de las aves migradoras en la vía de vuelo atlántico.

Accederemos a la Isla de La Covacha, que se encuentra dentro del Paraje Natural Isla del Trocadero, una zona declarada Zona de Reserva y de máxima protección ambiental, en la que sólo están permitido el marisqueo sostenible, actividades científicas, uso público y el manejo del agua para la conservación de la colonia de espátulas. Estamos en la antigua Salina de La Covacha; podremos disfrutar a escasos metros la colonia de espátula (Platalea leucorodia) y buscaremos al águila pescadora, fumareles, pagazas, chorlitos, archibebes y zarapitos, entre otras especies larolimícolas.

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Ruta Urbana | Puerto Real Conjunto Histórico Artístico

A través de esta ruta que os presentamos, visitaremos los lugares más emblemáticos de esta Real Villa de Puerto Real.

Un trazado que hemos diseñado para que, en un agradable paseo por sus históricas calles, lleguemos a conocer un poco mejor esta ciudad que, además de historia, patrimonio artístico, riqueza medioambiental, rica gastronomía elaborada con productos propios de alta calidad, esencia universitaria… ofrece generosamente a sus visitantes lo más preciado que tiene, su hospitalidad.

Sintámonos como en casa e iniciemos este paseo que nos llevará un par de horas y cuyo recorrido está preparado siguiendo la línea de localización y no la  temporal.

Comenzamos pues por el Ayuntamiento y su Salón de Plenos y desde ahí el Horno Romano el Gallinero, La Capilla del Rocío, la Petit Torre, el Callejón del Arco, el Teatro Principal, el Mercado de Abastos, Casa Señorial, el Centro Cultural Iglesia de San José, La Iglesia Mayor Prioral de San Sebastián, Jardines de El Porvenir, Caja del Agua, Calle Cruz Verde, Iglesia Conventual de la Victoria, Media Luneta y Punta del Muelle.

Una Ruta que nos adentrará en el Conjunto Histórico Artístico, un trazado singular que nos ofrecerá además disfrutar de esta cuadrícula de calles rectilíneas de aire colonial, casas con los típicos cierros, luminosos patios y magníficas portadas barrocas de piedra ostionera.

Un poco de historia para comenzar.

Desde épocas remotas, el término de Puerto Real sirvió como asentamiento a pobladores de muy distintas culturas, desde la mítica Tartessos hasta la constatable presencia islámica sin olvidar la importante presencia en la época romana en la que este territorio se conoció como Portus Gaditanum o Portus Balbus.

Fundada por los Reyes Católicos en 1483 a través de la Carta Puebla, los monarcas le otorgan el rango de Villa Realenga. Este importante enclave puertorrealeño, ofreció a los Reyes Católicos, el lugar idóneo para establecer su puerto marítimo desde el que dirigir las campañas más importantes que tuvieron lugar entonces.

El siglo XVIII transcurrió entre dos guerras asoladoras. La primera, la invasión de los marinos de las escuadras anglo-holandesas, y la segunda, la de las tropas napoleónicas. No obstante, es este siglo, el de mayor auge social, cultural y económico. El siglo XIX viene marcado por un lado por la destrucción que sufrió la población a causa de la enorme epidemia de peste de 1800 y por otro, por el proceso de recuperación de la actividad y la creación de la empresa Antonio López y Cia. y sus Astilleros.

Tras la crisis económica mundial de los años setenta, con la construcción del nuevo astillero, el desarrollo demográfico y urbanístico, y la creación en 1979 de su Campus Universitario, se irán poniendo los cimientos de una ciudad moderna, con su Casco Histórico declarado Conjunto Histórico Artístico por Real Decreto desde 1984 y dotada de unas infraestructuras y equipamiento que la convierten en uno de los pilares fundamentales de esta área metropolitana que es la Bahía de Cádiz.

A. Ayuntamiento y Salón de Plenos. Siglo XIX. De lunes a viernes de 11h a 13h. Visitas a Petición.

Situado en la céntrica Plaza de Jesús, este edificio fue una de las Casas señoriales de Puerto Real de más importancia. Construída por la familia González Byass que la ocupó al menos durante un siglo, presenta la característica de su elevación con respecto al resto de las viviendas de la zona.

Entrado el siglo XX, es adquirida por el Ayuntamiento para establecer su sede que se hace efectiva en el año 1.910. De la fachada cabe destacar el reloj que la preside, no siendo original del edificio, puesto que se coloca en torno al año 1.920. La colocación de este emblemático reloj propició que la Plaza de Jesús fuese uno de los lugares de encuentro para los puertorrealeños en aquella época. Como curiosidad, las campanadas del reloj que marcan las horas suenan a las hora en punto y al cabo de dos minutos.

En su interior visitamos el Salón de Plenos, una estancia que transmite parte de la historia de este lugar y que hoy sigue siendo testigo de primera línea de las decisiones políticas que marcan la vida de esta ciudad. En él podemos apreciar el Escudo institucional de la Real Villa, basado en el de Castilla y León y que muestra símbolos de los Reyes Católicos, sus fundadores. Destaca la Corona signo del carácter real del emblema.

El escudo es acuartelado en forma de cruz. En él destacan los emblemas del Reino de Castilla en el primer y cuarto cuartel (Castillo en oro con tres almenas) y del Reino de León en el segundo y tercer cuartel (león rampante linguado y coronado). En el centro se sitúa un espacio en el que se representan a los Reyes Católicos, Isabel (derecha) y Fernando (izquierda), sentados frente a frente simbolizando la unión de los dos Reinos. También podemos observar en este mismo lugar el Orbe relacionado con el descubrimiento de América. Se reserva también una zona para representar una Granada que simboliza la toma de Granada, ambos acontecimientos fechados muy próximos a la fundación de nuestra Villa (1492).

A los pies del Salón de Plenos podemos observar un importante lienzo fechado a finales del s. XIX obra del pintor gaditano Justo Ruíz Luna de quien existen obras expuestas en el Museo del Prado (Madrid).  Presidió durante una etapa los salones del Casino que existía en Puerto Real en aquella época y posteriormente, fue trasladado al Ayuntamiento. Representa, como en una gran parte de sus obras, una marina. Este cuadro está fechado a finales del s.XIX.

B. Horno Romano El Gallinero, s. I d.C. Acceso Libre. Capilla del Gallinero, Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío. Sábados tarde.

El Alfar. La finca “El Gallinero”, se encuentra situada dentro del núcleo urbano de Puerto Real, delimitada por las calles Factoría de Matagorda, Gallinero y Paseo Marítimo. El lugar donde nos encontramos es una pequeña elevación de 5 m. sobre el nivel del mar, que asciende suavemente hacia la zona interior de Puerto Real, y desciende de igual manera, hacia el mar.

Entre 1991 y 1993, se realizaron aquí, dos intervenciones arqueológicas, ya que se tenía constancia de la existencia en la zona de restos de construcción pertenecientes a alfares romanos.

La primera de las intervenciones, se realizó en el mes de diciembre de 1991, como consecuencia de la edificación de la parcela trasera. La segunda intervención, se realizó entre los meses de junio y julio del año siguiente, 1993.

Como resultado de ambas, se localizó un horno circular de ánforas romanas, asociado a una serie de vertidos de material anfórico defectuoso. El conjunto fue datado provisionalmente dentro del primer cuarto del s. I d. C.

Casi el 100% de la producción del alfar de “El Gallinero”, son ánforas de salazón. Fueron encontradas dos ánforas sin demasiados deterioros; una de ellas se encontró sobre un pavimento de tierra apelmazada . La segunda se halló en una zona de vertido defectuoso del horno.

Después de analizar minuciosamente tanto las ánforas encontradas como los fragmentos de los vertidos defectuosos, se llega a la conclusión de que nos encontramos ante ánforas que han salido de más de una mano. Cuando menos, y sobre la base de la forma del borde y las diversas medidas de éste tanto en unas como en otras, da la impresión de la existencia de dos artesanos, uno de los cuales realiza piezas cuyo diámetro oscila entre los 17-18 cm., mientras que un segundo operario fabricaría ánforas cuyo diámetro de boca oscilaría entre los 19-20 cm.

La pasta cerámica con la que están confeccionadas estas piezas, es de color ocre, aspecto terroso y abundante cuarzo, difiere mucho de las pastas típicas de “El Gallinero”, lo que hace pensar que su origen es exterior al yacimiento.

Las características técnicas de las ánforas de “El Gallinero” no difieren de las que son propias de todos los alfares de la Bahía. Se trata de envases fabricados en tres piezas que se tornean por separado: el cuerpo, el cuello, cuyo extremos superior, vuelto sobre si mismo y moldeado, da lugar al borde y, finalmente, el pivote. La unión entre cada una de las partes, no se aprecia con claridad, lo que significa que el barro fue alisado con las manos o con algún instrumento antes de la cocción.

Las asas fueron confeccionadas aparte y adosadas al recipiente. Se ajustan bajo la boca, tocando el borde en el extremo inferior de éste, y sobre los hombros mediante un pedazo de barro fresco. En la unión de los hombros, la arcilla fresca es presionada con el pulgar, dejando una marca, para mejorar la adherencia. Todas las asas son de cinta y están surcadas por tres o cuatro estrías que no son, sino las señales de los dedos del alfarero

Muy cerca del Horno Romano encontramos la Capilla de el Gallinero que toma el nombre de la finca en la que se construye originariamente. Esta Capilla hoy en día, acoge a la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Puerto Real y en ella se encuentra el simpecado de la Real Villa así como una talla a imagen y semejanza de la Virgen del Rocío que se encuentra en la Aldea almonteña.

C. Petit Torre. Siglo XVIII. Sólo exterior.

Antigua Torre Vigía en el Paseo Marítimo de la Villa construida en el s. XVIII. Este edificio ocupa una gran parcela situada entre las calles Amargura y Ribera del Muelle hacia la que se sitúa la torre vigía que caracteriza esta construcción realizada en piedra ostionera.

Las torres vigías en la Bahía de Cádiz son elementos arquitectónicos que caracterizan las construcciones de los siglos XVII y XVIII y su vinculación con la vida y el negocio del mar situándose, de ahí que se sitúen en el lugar más cercano a él.

Esta Torre Vigía es de planta cuadrada y consta de 2 pisos de altura y artesonado de madera en su interior.

D. Callejón del Arco. Siglo XVIII. Acceso libre.

Esta típica calle puertorrealeña tiene su acceso en la calle Amargura. Es un callejón peatonal de unos cien metros de longitud por 5 metros de ancho enmarcado por dos arcos de medio punto que datan del s. XVIII y que están construídos en piedra ostionera propia de la Bahía de Cádiz, constituyendo un espacio que se conserva muy próximo a la que debió ser su configuración original.

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Su cota es superior al nivel del mar por lo que el arco que se construye al final de la calle y que linda con la Bahía, debió ser originalmente un auténtico balcón al mar. Esta vista panorámica, hoy en día, se ha visto mermada por la construcción del Paseo Marítimo y los edificios aledaños.

Una de las características más notables de este Callejón puertorrealeño, es que sus vecinos se encargan de su engalanado, manteniendolo exornado con lindas macetas de flores además de conservar las fachadas de sus casas con la cal blanca típica de las casas andaluzas.

E. Teatro Principal. Siglo XIX. De lunes a viernes de 11h a 13h. Entrada Gratuita.

En 1.856 comenzaron las obras del nuevo Teatro de Puerto Real, fueron promovidas por Antonio Matalobos, empresario del Puerto de Santa María y proyectadas por el arquitecto neoclásico gaditano Manuel García del Alamo. Con posterioridad a 1.857, la Academia de Bellas Artes aprobó el citado proyecto, con un aforo de 650 espectadores, el Teatro se inauguró en 1.859.

Su nombre fue cambiando con el transcurso de los años y los acontecimientos: Teatro de Isabel II, Teatro del Príncipe Alfonso y Teatro de la Libertad fueron sus denominaciones hasta recibir el actual, “Teatro Principal”.

Se sitúa en el extremo de una manzana rectangular, dentro de la trama ortogonal que caracteriza el Casco Histórico de la Villa.

TEATRO

El edificio responde al tipo de “teatro a la italiana” decimonónico, en el cual el vestíbulo, la sala con forma aproximada de herradura y el escenario, se engarzan a lo largo del eje principal, recibiendo los espacios de relación: salones, pasillos y escaleras un tratamiento que les otorga cierta relevancia en el conjunto. Tiene además, este Teatro, una característica especifica en su tipología, al constituir un claro ejemplo de la sala vinculada a un Casino.

Antes de las obras la sala contaba con un aforo de 800 butacas, distribuidas en patio, palcos, platea y gradería de paraíso. Su decoración era de tintes discretos y clara influencia academicista. Como era característico de este tipo de Teatros decimonónicos, las zonas de camerinos y servicios no alcanzaban el desarrollo espacial y técnico que hoy requieren las representaciones teatrales además, el conjunto no presentaba un buen estado de conservación por lo que las obras realizadas trataron de recuperar los valores históricos y arquitectónicos del edificio además de adecuar sus equipamientos a las necesidades actuales del mundo del Teatro.

Tras las obras realizadas se vio disminuido el aforo pasando a ser actualmente de 400 butacas, se mejoraron los espacios auxiliares, se recuperó el muro curvo de la zona de paraíso, se creó un foso de orquesta en la sala además de dotar al edificio de todos los medios técnicos específicos y la modernización del equipamiento teatral.

F. Mercado de Abastos. Siglo XVIII. De lunes a sábados de 9 h a 14h. Acceso Libre.

El Mercado de Abastos es un edificio Neoclásico que data de finales del s. XVIII. Es la Plaza de Abastos más antigua de Andalucía y hoy en día conserva esta misma actividad y es de titularidad pública.

El proyecto fue presentado por el arquitecto Torcuato Benjumeda y vino a dar fin a los continuos problemas de falta de espacio adecuado para las transacciones comerciales de abastecimiento. No obstante el proyecto resultó ser muy costoso, teniendo que ser adquiridas las viviendas que se encontraban construidas en el lugar elegido. El Mercado ocupaba una manzana completa, teniendo acceso por las calles Nueva y Soledad.

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De planta cuadrada, conserva su doble fachada presentando siete arcos por la Calle Nueva y cinco arcos por la Calle Soledad. Consta de una nave central y dos naves laterales abovedadas. La fachada se compone de arquería abierta en el muro de cerramiento. Están construidas en piedra imitando sillería y rematada por una cornisa. En el centro de los arcos, hay oquedades con rejas decorativas.

Actualmente el patio central linda con las traseras de los puestos de venta dispuestos a un lado y al otro de un amplio pasillo que rodea el edificio en su perímetro mayor.

G. Casa Señorial. Visitas a Petición.

El Centro Histórico de Puerto Real cuenta con un gran número de hermosas casas, señoriales muchas de ellas, construidas entre los siglos XVIII y XIX. Estas casas servían de alojamiento a familias provenientes del entorno puertorrealeño y de la Capital Hispalense que buscaban un destino saludable de calidad para pasar sus vacaciones y que en gran medida, se convirtieron en su lugar habitual de residencia.

Casas con fantásticas portadas barrocas construidas en piedra ostionera que se abren a la calle a través de una gran puerta por la que se accede a la “casapuerta”, espacio intermedio en el que se encuentra, al fondo, la cancela, realizada en forja con espacios abiertos cubiertos de cristal, o portón, realizado en madera noble.

Tras la cancela, un luminoso patio generalmente rodeado por una galería de arcos de medio punto y techado por una montera que, en algunos casos, presentaban inmejorables diseños barrocos. El patio servía como distribuidor a los salones y habitaciones principales de la casa. Al fondo se podía encontrar la cocina lindando con el jardín y la zona de servicio que se abría a un patio trasero.

Algunas viviendas tenían cocheras y todas unas amplias azoteas en las que se situaba el lavadero pero que también servían como zona de ocio y mirador en el verano.

H. Centro Cultural San José. Siglo XVIII. De lunes a viernes de 11h a 13h. Entrada Gratuita.

Edificio declarado Bien de Interés Cultural (BIC), se encuentra situado en el corazón del Centro Histórico de la Villa. Su nombre original fue Iglesia de Jesús, María y José y se levanta en el último tercio del s. XVIII patrocinada por el gremio de carpinteros. Actualmente está desacralizada y convertida en Centro Cultural.

Las obras comenzaron en 1770 y su construcción se lleva a cabo para sustituir una antigua ermita que se encontraba en ese lugar. La idea de construir este nuevo templo, partió de la Hermandad de San José del Gremio de los Carpinteros que se hizo cargo de los gastos de construcción siendo cedido el solar por el Ayuntamiento.

Los trabajos los inicia el arquitecto gaditano Torcuato Cayón de la Vega, autor así mismo del proyecto, y los continúa a su muerte su discípulo y ahijado Torcuato Benjumeda hasta su culminación en 1794 cuando recibe el nombre de Iglesia de Jesús, María y José.

Se trata de una muestra de la arquitectura religiosa propia de la arquitectura neoclásica y responde al tipo de iglesia de salón de tres naves con cúpula en el crucero y cripta bajo el presbiterio.

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La nave central se cubre con bóveda de cañón con lunetos en los que se abren huecos rectangulares rematados por arcos muy rebajados, separándose sus tres tramos por medio de arcos fajones sin decoración, apoyados en pilastras de capiteles jónicos adornados con guirnaldas. Las naves laterales se cubren por bóvedas de arista sobre las que aparecen unas galerías abiertas a la nave central por huecos rectangulares protegidos por barandillas; y en el crucero se eleva una media naranja sobre pechinas, cubierta por una linterna octogonal y adornada por ocho radios entre los que se abren huecos rematados por arcos rebajados.

El exterior del templo se presenta en piedra ostionera enfoscada y encalada y cuenta con dos fachadas, presentando la principal una sobria decoración, con un cuerpo de doble altura ornamentado por cuatro pilastras toscanas, dobles las dos centrales, sobre las que corre una doble cornisa con friso intermedio. Las cuatro pilastras descansan sobre altos pedestales y definen los tres vanos simétricos con los que se compone la fachada principal. El vano central recoge la puerta principal, sin decoración alguna, que resuelve su dintel con un arco rebajado de dovelas de piedra ostionera. Los vanos laterales, idénticos, presentan balcones en la altura correspondiente a las galerías laterales superiores. La fachada se remata sobre la cornisa superior con un frontis de perfil mixtilíneo y reminiscencias barrocas, en cuyo centro se abre un vano abocinado rematado con un arco muy rebajado.

La fachada lateral es aún más sobria, y se organiza a partir de siete pilastras toscanas gigantes con pedestal, de las cuales dos de ellas son dobles. Sobre estas pilastras vuelve a aparecer la doble cornisa con friso de la fachada principal, y sobre la cornisa se eleva un cuerpo que abarca dos vanos y se corresponde con el crucero, rematado por una leve moldura y que presenta un hueco rectangular con arco rebajado en el centro.

La linterna es octogonal rematada por una cornisa sobre la que se levanta la cubierta de tejas de perfil ligeramente curvo y también a ocho aguas, y en cada vano vertical aparece un hueco rectangular abocinado rematado por una arco rebajado.

La Torre consta de dos cuerpos superpuestos rematados por cornisas y cubiertos por un chapitel bulboso. El cuerpo superior tiene huecos para campanas en cada uno de sus frentes flanqueados por una pareja de pilastras más otra de columnas dóricas en las esquinas; y sobre su cornisa aparece un ligero apretilado con almenas en las esquinas que terminan en pirámides de base cuadrada.

I. Iglesia Mayor Prioral de San Sebastián. Siglo XVI. De 10:30h a 13h y de 18h a 20:30h, excepto lunes.

La Iglesia Mayor Prioral de San Sebastián Mártir, es consagrada en 1.592 según reza la columna fundacional que se encuentra en el atrio del templo junto a la puerta de las Novias. Sobre la fecha del inicio de las obras no se tiene constancia documentada, pero se sabe que en 1.547, el templo estaba en construcción como lo atestigua la controversia que existiera entre el cabildo de la catedral hispalense y el Ayuntamiento de la Villa con motivo de la extracción de piedra de las canteras de Puerto Real, y el destino de dicha piedra, necesaria tanto para la Capilla Real de la Catedral sevillana como para las obras de edificación de la iglesia parroquial puertorrealeña.

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En 1.579 se realiza el retablo para la Iglesia Mayor de Puerto Real, encargándose de pintar, dorar y estofar. Además consta que el orfebre Antonio Laínez, contrató en 1.580 un incensario para la iglesia de Puerto Real, lo cual indicaría que este templo se encontraba abierto al culto antes de la fecha de 1.592 o bien que se llevaban a cabo determinadas celebraciones antes de la finalización total del proyecto respaldando así la teoría de la finalización del Altar Mayor antes que cualquier otra zona de la iglesia.

La configuración original del edificio difiere notablemente de la que podemos apreciar hoy día. En los siglos XVI y XVII, el número de capillas era sensiblemente menor que el actual; entre los elementos que si existían cabe destacar la torre, así como las capillas de Ntra. Sra. De los Remedios, actual de Lourdes, Bautismal y del Rosario, junto a la Capilla Mayor. Posiblemente, las naves de la Iglesia con anterioridad a los siglos XVII y XVIII poseyeran una cubierta de aljarafe, artesonado de madera, tan típica en otras iglesias de este estilo y época, cubierta que sería reformada posteriormente de acuerdo con los modos estéticos propios del Barroco.

A lo largo del siglo XVIII se comienzan a levantar varias capillas que sin alterar la planta original del salón del templo, enriquecen su estructura. Son éstas las actuales de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la Sacramental y la Penitencial; en 1.782 se da comienzo a las obras de la capilla Sacramental, las cuales, junto a las de la Penitencia, terminarían en 1.844; por estas últimas fechas también tendría lugar la reestructuración de la capilla del Rosario, capilla que se vería transformada en antesala de la Sacramental, y de la Puerta de la Epístola, puerta que perdería su primitivo estilo gótico en beneficio de las líneas de corte clásico que muestra actualmente.

En la noche del 3 de marzo de 1.754, buena parte del templo y el Retablo Mayor, quedaron destruidos por un incendio, cuyos efectos serían mitigados por la prosperidad que en esos momentos conocía la Villa y que hizo posible la total renovación de la iglesia, con la construcción de las capillas anteriormente citadas y el enriquecimiento artístico del edificio.

El siglo XVIII vería la confirmación del privilegio y título de Iglesia Prioral para San Sebastián de Puerto Real, título instaurado por los Reyes Católicos desde la misma fundación de la Villa, y sólo compartido por las Catedrales de Granada y Las Palmas de Gran Canaria.

El siglo XIX contempla la culminación de las obras iniciadas en varias capillas en el siglo anterior, así como la reforma de la puerta de la Epístola. Por lo demás, será esta una época de estabilidad para la iglesia, estabilidad que se vería truncada en el mes de

julio de 1.936 en el marco de los disturbios que dieron paso a la Guerra Civil. La mayor parte de los tesoros artísticos de la iglesia, a excepción de contadas obras de arte, fueron presa de las llamas o del saqueo. Posteriormente, Germán de Falla, hermano del inmortal compositor gaditano, Manuel de Falla,  devolvería al templo su original pureza tras una laboriosa restauración, en la que entre otras actuaciones, se levantarían los actuales retablos de piedra, a resultas de la cual la Iglesia Mayor Prioral de San Sebastián fue reabierta al culto el 27 de octubre de 1.946.

Al hablar de su arquitectura debemos decir que el templo es producto de la combinación de estilos desde el Gótico al Neoclásico pasando por el Plateresco, el Renacentista o el Barroco. Se aprecia así en el mismo una trayectoria que ocupa desde los siglos XVI a XIX otorgando al edificio un eclecticismo armónico y una visión rica y complementaria del sentir de cada época.

J. Jardines El Porvenir y Caja del Agua. Siglo XIX. Acceso libre.

Frente a la estación del ferrocarril se abren unos jardines para el descanso que lucen viejos ejemplares de especies vegetales que llaman la atención a quienes pasean y descansan en estos Jardines de El Porvenir incluidos en el Catálogo General de Jardines de Andalucía.

En 1856 recibe el nombre actual de El Porvenir. Hasta 1861 se conservó cerrado por una verja; en 1872 se procede a su apertura, ante la concurrencia cada vez mayor del público. Los jardines, serían ensanchados al proyectarse nuevos parterres frente a la estación de ferrocarril, que poco antes era inaugurada.. La remodelación bajo mandato de D. Antonio Capriles (1882-1885) le otorgará ese aire romanticista que conserva en la actualidad; se instalan los bancos con respaldo de hierro, las verjas rodeando su perímetro.

Este es un espacio enormemente valioso dentro del entramado urbano de nuestra ciudad. Aparte de su antigüedad destaca la gran variedad de árboles y arbustos ornamentales que existen.

En los jardines está situada la Caja del Agua, parte del sistema de traída de aguas de la villa, desde Malas Noches (Fuente de la Higuera) y se trata de la antigua fuente del municipio, la cual tenía como función distribuir el agua al resto de fuentes de la población.

Edificio que data de 1.780 fue construido por el maestro cañero Antonio Ruiz Florindo y fruto de la gestión del por entonces alcalde Antonio Capriles cuyo nombre se puede leer en una de sus fachadas.

Erigida en los Jardines del Porvenir, por entonces zona tradicionalmente conocida como La Laguna era uno de los accesos a la Villa, lugar de entrada para bestias y portes, espacio de canalización de viajeros, mercancías, carretas y demás figuras en tránsito en el acceso a la localidad, la zona de La Laguna conocería diferentes intervenciones de mejora destinadas a hacer más salubre el espacio, que llevarían a la inclusión definitiva de este espacio en la trama urbana de la ciudad.

De planta rectangular, se concibe arquitectónicamente como un cubo abovedado con una fuente pública abierta en uno de sus laterales. La decoración se localiza en la cubierta exterior del edificio, con hornacinas abuhardilladas que tienen en su interior azulejos trianeros con iconografía de los que a fines del siglo XVIII eran santos patronos de Puerto Real: san Roque, San Sebastián y la Virgen del Rosario, todavía hoy conservada. Contrarresta con la sencillez del resto del cuerpo.

Sobre uno de sus muros sobrevive una placa de fines del siglo XVIII que conmemora la terminación de las obras de conducción del agua desde Malas Noches hasta esta Caja de Agua.

Entre 1776 y 1781 se realizan las obras de conducción desde los manantiales de Fuente de Higuera hasta Puerto Real. Para traerla hasta la población, más concretamente hasta la Caja de Agua era necesaria una obra de ingeniería de 11 km que recorría toda la campiña de Puerto Real.

Desde la reordenación del espacio en que está ubicada (antigua Plaza de la Laguna) en la segunda mitad del sigo XIX para convertirse en los Jardines de el Porvenir (incluido en el catálogo General de Jardines de Andalucía), la Caja del Agua se convirtió en un elemento singular y definitorio de dicho entorno, perdiendo con el paso de los años su valor funcional para ir adquiriendo su valor patrimonial.

K. Iglesia Conventual de la Victoria. Siglo XVII. Visitas a Petición.

La Iglesia Conventual de la Victoria es un Templo Barroco situado junto a la emblemática Plaza Madre Loreto. Se trata del edificio fundado en el siglo XVII por la Orden de San Francisco de Paula, los Mínimos de la Victoria. Las instalaciones conventuales han sido transformadas en edificaciones civiles, quedando sólo el templo y su torre. Es sede canónica además de la Venerable Hermandad Sacramental y Real Cofradía de Penitencia de Nuestra Señora de la Soledad, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y San Francisco de Paula.

Es un edificio barroco construido en un promontorio o manchón en su día a las afueras del centro urbano para ubicar el convento de los Frailes de la Orden de los Mínimos en Puerto Real.

En realidad, los Mínimos se establecieron en Puerto Real el 17 de abril de 1628 y su primera sede fue la ermita de san Benito, hasta que el 23 de febrero de 1639 se instalan en su localización actual cediendo la ermita a los frailes franciscanos descalzos para que pudieran establecerse en la Villa.

Las décadas siguientes a ese traslado, los frailes estarían ocupados con la construcción de la iglesia y convento y más tarde vendrían las labores de completar el ajuar mueble del templo, misión en la que jugaban siempre un papel fundamental la cesión de capillas y sepulturas a diferentes patronos para así obtener fondos y aportaciones materiales. Fue precisamente en el torno al año 1688, estando doña Luisa Roldán en Cádiz, cuando los documentos nos informan de importantes actuaciones, que incluyeron la realización de importante grupo de esculturas, que salieron de su taller.

Dicho edificio fue ampliado en 1770 con su actual Torre y con el devenir de los años, el manchón fue urbanizado quedando integrado en el núcleo urbano. A fines del siglo XX, es destruido el antiguo Convento quedando en pie la Iglesia Conventual con su Torre.

El Templo acoge dos imágenes muy veneradas, la Virgen de la Soledad tallada en 1688 por la insigne escultora barroca Luisa Roldán “La Roldana” y un Cristo Yacente, atribuido a la misma escultora.

El conjunto ocupa una gran parcela de esquina, teniendo la Iglesia la fachada principal en la calle de la Victoria. El conjunto está formado por la Iglesia propiamente dicha y el antiguo Convento, transformado en asilo hospital adosado a ella y hoy desaparecido. La Iglesia es de planta rectangular de una sola nave cubierta con Bóveda de medio cañón, tejado a dos aguas al exterior, el presbiterio y Altar Mayor se cubre con Cúpula también con tejado al exterior a cuatro aguas. En su flanco derecho y a la altura del presbiterio se alza la torre de planta cuadrada y capitel adornado con azulejos azules. Su fachada es simple y queda integrada en el conjunto del antiguo hospital, tiene una portada de piedra de estilo neoclásico y se remata con un frontispicio barroco.

L. Calle Cruz Verde. Acceso libre.

En esta céntrica calle puertorrealeña  se ubica una de las hornacinas más importantes que se conservan en el Centro Histórico y que adornan las fachadas de algunas de las casas. En este lugar, situado entre los números 21 y 23, podemos apreciar esta hornacina que alberga en su interior una Cruz de color verde que da nombre a la calle y al rincón donde se encuentra ubicada. Cubierta por un ventanal con vidriera y protegida así de la intemperie, se adorna en el interior con jarrones de flores. Además, la mayoría de las hornacinas tenían en su origen una función práctica al servir como punto de luz ya que, se situaba en su interior  velas, candiles de aceite o antorchas que iluminaban el elemento religioso que albergaban.

Es importante reseñar que la Cruz Verde guarda relación con el Santo Oficio, la Inquisición, mostrando estos elementos, la vinculación histórica de este espacio urbano con el Santo Oficio.

M. La Media Luneta y La Cachucha. Acceso libre.

La Media Luneta es un espacio histórico que se abre a la Bahía de Cádiz a través de una balconada baja en forma de media luna de la que toma su nombre. Construida en piedra ostionera, podemos admirar desde sus lindes toda la zona del Parque Natural Bahía de Cádiz donde se encuentra la Playa de la Cachucha.

En la Media Luneta podemos disfrutar también de un pequeño espacio para el baño.

Pero la playa urbana por excelencia es La Cachucha; sometida a a la acción de las mareas es un espacio lúdico y recreativo dotada de todo tipo de servicios. Durante la bajamar deja al descubierto una enorme superficie de lodos utilizados con fines terapéuticos. Actuales estudios corroboran los beneficios talasohídricos de estas aguas y sus lodos. Un SPA 100% natural.

La playa, con 500m para el baño, está dotada de todas las instalaciones de servicios: primeros auxilios, aseos, acceso para personas con movilidad reducida, socorrismo acuático, vigilancia y limpieza, iluminación nocturna y señalización. Se celebran en ella, además, campeonatos de voley-playa, barbacoas y talleres de ocio en temporada de verano.

Su excelente iluminación, permite en las noches de verano, disfrutar de su entorno y tranquilidad.

N. Punta del Muelle. Acceso libre.

Esta atractiva zona histórica en pleno Parque Natural, ofrece una singular vista panorámica del fondo de la Bahía de Cádiz, siendo uno de los pocos lugares desde donde admirar completamente este rico espacio natural.

El Muelle se adentra en la Bahía ofreciendo la posibilidad de embarque y desembarque de los pequeños barcos veleros, pateras, lanchas o zodiacs que realizan su labor de pesca o de ocio.

En este lugar se encuentra la Escuela de Vela puertorrealeña C.N. El Trocadero donde se realizan cursos de iniciación y especialización en náutica. Un rincón privilegiado donde disfrutar del mar.