RUTA CONJUNTO HISTÓRICO ARTÍSTICO

Esta es una ruta sencilla, de apenas 30 minutos de duración, que parte del Centro de Interpretación de la Cultura de Puerto Real y pasa por el Mercado de Abastos (s. XVIII), el Teatro Principal (s. XIX), el Callejón del Arco (s.XVIII) y la Casa Consistorial (s.XVIII). Se trata de una ruta para descubrir el singular trazado urbano de Puerto Real, su aire colonial y algunos de sus espacios, rincones y edificios más emblemáticos.

Antes, un poco de historia

Desde épocas remotas, el término de Puerto Real sirvió como asentamiento a pobladores de muy distintas culturas; yacimientos como el de El Retamar atestiguan la presencia humana desde el Mesolítico.

El proceso de romanización, desde finales del siglo III a finales del I a.n.e., supone la ocupación extensiva del territorio a partir del triángulo formado por los núcleos de Gadir (Cádiz), Asta Regia (Mesas de Asta) y Asido (Medina Sidonia) y la proliferación de asentamientos rústicos en el territorio que hoy ocupa Puerto Real.

La mayor parte de los asentamientos que conocemos son talleres de producción de cerámica, de ánforas, que desarrollan su actividad desde finales del siglo I a.n.e. y principios del II.

La aparición de la villa romana de Puente Melchor, ha dado más relevancia arqueológica al complejo alfarero de la Bahía de Cádiz. En él se evidencia un claro complejo manufacturero con ocupación efectiva y continuada, desde la segunda mitad del siglo I a.C. hasta mediados del siglo IV d.C. aproximadamente.

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En esta lujosa villa se excavó un mosaico que ocupó la superficie del suelo del triclinium. Este mosaico de Puente Melchor mide 5,44m x 6,78m, presenta una decoración geométrica, figurativa y floral, y posee gran roseta de triángulos curvilíneos que alberga un medallón con la figura del dios Baco en su interior, y se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico de Cádiz desde el año 2016.

Durante el reinado de Alfonso XI los cristianos se hacen con el territorio que ocupa hoy Puerto Real, pero son los Reyes Católicos quienes fundan la ciudad el 18 de junio de 1483 en busca de un puerto abrigado y seguro, dependiente de la corona, desde el que zarpasen las naves comprometidas en el asedio marítimo al reino de Granada. Buscaban también un lugar con salida al mar que contrarrestase la influencia del resto de los puertos de la bahía, en manos de linajes señoriales.

Puerto Real mantiene una doble tendencia. Por un lado, se orientará hacia el campo y, por otro, hacia el mar, estableciéndose las bases que posibilitarán el desarrollo en el siglo XVIII. Se aumenta la dedicación pesquera y la extracción de sal de los puertorrealeños e incluso se construyen pequeñas factorías y almacenes en el Trocadero donde se inician las labores del carenado y reparación de buques.

Con la colonización de América, la bahía gaditana se dedica al aprovisionamiento de las mercancías y alimentos necesarios para el viaje como, así como a la reparación de los desperfectos ocasionados por la travesía en los barcos. Así, en terrenos del Trocadero, se asientan las bases de la actual construcción naval.

Desde el punto de vista del desarrollo histórico, el siglo XVIII supone una época de auge y esplendor para la población.  Son años de prosperidad en directa relación con la coyuntura económica. El traslado a Cádiz de la Casa de la Contratación en 1717 marca un hito fundamental para la economía gaditana y las poblaciones de la Bahía.

Durante estos años, en especial durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, se realizan obras civiles que son reflejo de la expansión económica: las obras del muelle, el abastecimiento de agua, el puente de barcas en el Río San Pedro y el Mercado de Abastos, aún en uso. El casco histórico, con la construcción de edificios particulares,  adquiere su mayor expansión. Sobresalen las grandes casas de hidalgos, algunas de tres plantas, con portadas de piedra y escudos de armas.

En cuanto a la arquitectura religiosa, destaca la construcción de la Iglesia de San José.

El cambio de siglo es también el del inicio de la decadencia de la ciudad. La primera mitad del siglo XIX viene marcada por las epidemias y por la guerra. El conflicto con Inglaterra perjudicó gravemente el comercio con América y Puerto Real, dedicada a la construcción y carena de los barcos y con industrias y actividades en relación directa con el abastecimiento de las expediciones, va a sufrir las consecuencias.

La guerra de Independencia es, además, especialmente ruinosa para Puerto Real. En su avance a Cádiz, las tropas napoleónicas entran en la ciudad el 4 de febrero de 1810 y la invaden durante dos años y medio.  Abandonaron la villa unas siete mil personas para refugiarse en la Carraca, Isla de León y Cádiz, quedando en ella en torno a las mil quinientas.

Puerto Real se convierte en el límite entre la defensa y el ataque de una guerra de guerrillas que los franceses acabarían perdiendo tres años más tarde y que convirtió a Puerto Real en la principal zona de intendencia del ejército francés, que estableció campamentos en La Algaida y en el entonces Pinar de Enriles, hoy de Los Franceses.

Pocos años después la ciudad será otra vez el escenario de la guerra cuando en 1823, de nuevo, las tropas francesas toman la Península del Trocadero y rinden la ciudad de Cádiz para liberar a Fernando VII, el mismo Rey que había traicionado a la población que luchó y venció por él y por la libertad a las tropas de Napoleón.

La actividad económica industrial predominante en el siglo anterior es sustituida por la agrícola. La aparición de la primera Feria ganadera en 1843 es una señal de este cambio, como intento de recuperación económica. Es a mediados del siglo cuando se comienza la recuperación. En 1852 se construye una de las primeras líneas de ferrocarril en España entre Jerez y El Trocadero. Pero la recuperación definitiva de la vocación industrial se va a realizar a partir de la instalación de la Compañía fundada por Antonio López, Marqués de Comillas. A partir de entonces se produce el dominio casi absoluto de la industria naval.

Obras significativas de estos años fueron la construcción de la red ferroviaria, el nuevo cementerio de San Roque, los jardines del Porvenir, la remodelación de la Plaza de Jesús, el Teatro Principal y la iluminación de las calles, adoquinado y acerado.

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El siglo XX trajo cambios y aires nuevos con mejoras en las infraestructuras; la actividad naval seguía siendo uno de los pilares fundamentales de la economía local, los pormenores y vicisitudes de ésta repercutirán en la población a lo largo de la centuria.

En 1924, el arsenal de la Carraca e Isla Verde, hasta entonces dependientes de Puerto Real, pasaron a formar parte de San Fernando. La guerra civil, al igual que en el resto del país, produjo un estancamiento socio-político y económico; será ya en los años cincuenta cuando se inicie un proceso de recuperación de la actividad económica, retrasándose la recuperación política y social hasta el final de los años setenta con la reinstauración de la democracia.

1 CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA CULTURA DE PUERTO REAL E IGLESIA DE SAN JOSÉ

El Centro de Interpretación de la Cultura de Puerto Real es un espacio museístico diseñado para conocer la historia, el pasado más reciente y el presente de la ciudad, cómo son sus habitantes, sus vivencias, sus costumbres y su manera de ser. Una forma perfecta de iniciar la visita turística a Puerto Real.

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Está junto a la Iglesia de San José, un edificio declarado Bien de Interés Cultural (BIC), situado en el corazón del Centro Histórico de la Villa. Su nombre original fue Iglesia de Jesús, María y José y se levanta en el último tercio del s. XVIII patrocinada por el gremio de carpinteros. Actualmente está desacralizada y convertida en Centro Cultural.

Las obras comenzaron en 1770 y su construcción se lleva a cabo para sustituir una antigua ermita que se encontraba en ese lugar. La idea de construir este nuevo templo, partió de la Hermandad de San José del Gremio de los Carpinteros que se hizo cargo de los gastos de construcción siendo cedido el solar por el Ayuntamiento.

Los trabajos los inicia el arquitecto gaditano Torcuato Cayón de la Vega, autor así mismo del proyecto, y los continúa a su muerte su discípulo y ahijado Torcuato Benjumeda hasta su culminación en 1794 cuando recibe el nombre de Iglesia de Jesús, María y José.

Se trata de una muestra de la arquitectura religiosa propia de la arquitectura neoclásica y responde al tipo de iglesia de salón de tres naves con cúpula en el crucero y cripta bajo el presbiterio.

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La nave central se cubre con bóveda de cañón con lunetos en los que se abren huecos rectangulares rematados por arcos muy rebajados, separándose sus tres tramos por medio de arcos fajones sin decoración, apoyados en pilastras de capiteles jónicos adornados con guirnaldas. Las naves laterales se cubren por bóvedas de arista sobre las que aparecen unas galerías abiertas a la nave central por huecos rectangulares protegidos por barandillas; y en el crucero se eleva una media naranja sobre pechinas, cubierta por una linterna octogonal y adornada por ocho radios entre los que se abren huecos rematados por arcos rebajados.

El exterior del templo se presenta en piedra ostionera enfoscada y encalada y cuenta con dos fachadas, presentando la principal una sobria decoración, con un cuerpo de doble altura ornamentado por cuatro pilastras toscanas, dobles las dos centrales, sobre las que corre una doble cornisa con friso intermedio. Las cuatro pilastras descansan sobre altos pedestales y definen los tres vanos simétricos con los que se compone la fachada principal. El vano central recoge la puerta principal, sin decoración alguna, que resuelve su dintel con un arco rebajado de dovelas de piedra ostionera. Los vanos laterales, idénticos, presentan balcones en la altura correspondiente a las galerías laterales superiores. La fachada se remata sobre la cornisa superior con un frontis de perfil mixtilíneo y reminiscencias barrocas, en cuyo centro se abre un vano abocinado rematado con un arco muy rebajado.

La fachada lateral es aún más sobria, y se organiza a partir de siete pilastras toscanas gigantes con pedestal, de las cuales dos de ellas son dobles. Sobre estas pilastras vuelve a aparecer la doble cornisa con friso de la fachada principal, y sobre la cornisa se eleva un cuerpo que abarca dos vanos y se corresponde con el crucero, rematado por una leve moldura y que presenta un hueco rectangular con arco rebajado en el centro.

La linterna es octogonal rematada por una cornisa sobre la que se levanta la cubierta de tejas de perfil ligeramente curvo y también a ocho aguas, y en cada vano vertical aparece un hueco rectangular abocinado rematado por una arco rebajado.

La Torre consta de dos cuerpos superpuestos rematados por cornisas y cubiertos por un chapitel bulboso. El cuerpo superior tiene huecos para campanas en cada uno de sus frentes flanqueados por una pareja de pilastras más otra de columnas dóricas en las esquinas; y sobre su cornisa aparece un ligero apretilado con almenas en las esquinas que terminan en pirámides de base cuadrada.

2 MERCADO DE ABASTOS

Es un edificio Neoclásico de finales del s. XVIII, obra de Torcuato Benjumeda, el más antiguo de Andalucía en uso como plaza de abastos de titularidad pública, y vino a dar fin a los continuos problemas de falta de espacio adecuado para las transacciones comerciales de abastecimiento. No obstante el proyecto resultó ser muy costoso, teniendo que ser adquiridas las viviendas que se encontraban construidas en el lugar elegido. El Mercado ocupaba una manzana completa, teniendo acceso por las calles Nueva y Soledad.

El edificio conserva su dos fachadas, construidas en piedra con llagueado y rematadas por una cornisa, con siete arcos por la Calle Nueva y cinco por la Calle Soledad. Consta de una nave central y dos naves laterales abovedadas. El Mercado de Abastos es el corazón comercial del centro histórico de Puerto Real y en él se pueden adquirir todo tipo de pescados, mariscos, verduras, carnes y productos de temporada.

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3 TEATRO PRINCIPAL

El Teatro Principal de Puerto Real es el segundo teatro más antiguo de Andalucía en uso.

En 1.856 comenzaron las obras del nuevo Teatro de Puerto Real, fueron promovidas por Antonio Matalobos, empresario del Puerto de Santa María y proyectadas por el arquitecto neoclásico gaditano Manuel García del Alamo. Con posterioridad a 1.857, la Academia de Bellas Artes aprobó el citado proyecto, con un aforo de 650 espectadores, el Teatro se inauguró en 1.859.

Su nombre fue cambiando con el transcurso de los años y los acontecimientos: Teatro de Isabel II, Teatro del Príncipe Alfonso y Teatro de la Libertad fueron sus denominaciones hasta recibir el actual, “Teatro Principal”.

Se sitúa en el extremo de una manzana rectangular, dentro de la trama ortogonal que caracteriza el Casco Histórico de la Villa.

El edificio, de fachada neoclásica e interior modernista, fue inaugurado en 1859 y es obra de Manuel García del Álamo. Responde al modelo de teatro a la italiana del siglo XIX, en el cual el vestíbulo, la sala con forma aproximada de herradura y el escenario, se engarzan a lo largo del eje principal, recibiendo los espacios de relación: salones, pasillos y escalera, un tratamiento que les otorga relevancia en el conjunto.

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4 CALLEJÓN DEL ARCO

Es un callejón peatonal de unos cuarenta metros de longitud por cinco de ancho, enmarcado por dos arcos de medio punto, de piedra ostionera, que datan del siglo XVIII y que mantiene su aspecto original como balcón a la Bahía de Cádiz. Quienes viven a su alrededor se encargan de mantenerlo engalanado con macetas de flores y conservan las fachadas de sus casas pintadas con la cal típica de las casas andaluzas.

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5 AYUNTAMIENTO

Situado en la céntrica Plaza de Jesús, este edificio fue una de las Casas señoriales de Puerto Real de más importancia. Construída por la familia Byass que la ocupó al menos durante un siglo, presenta la característica de su elevación con respecto al resto de las viviendas de la zona.

Entrado el siglo XX, es adquirida por el Ayuntamiento para establecer su sede que se hace efectiva en el año 1.910. De la fachada cabe destacar el reloj que la preside, no siendo original del edificio, puesto que se coloca en torno al año 1.920. La colocación de este emblemático reloj propició que la Plaza de Jesús fuese uno de los lugares de encuentro para los puertorrealeños en aquella época. Como curiosidad, las campanadas del reloj que marcan las horas suenan a las hora en punto y al cabo de dos minutos.

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En su interior visitamos el Salón de Plenos, una estancia que transmite parte de la historia de este lugar y que hoy sigue siendo testigo de primera línea de las decisiones políticas que marcan la vida de esta ciudad. En él podemos apreciar el Escudo institucional de la Real Villa, basado en el de Castilla y León y que muestra símbolos de los Reyes Católicos, sus fundadores. Destaca la Corona signo del carácter real del emblema.

El escudo es acuartelado en forma de cruz. En él destacan los emblemas del Reino de Castilla en el primer y cuarto cuartel (Castillo en oro con tres almenas) y del Reino de León en el segundo y tercer cuartel (león rampante linguado y coronado). En el centro se sitúa un espacio en el que se representan a los Reyes Católicos, Isabel (derecha) y Fernando (izquierda), sentados frente a frente simbolizando la unión de los dos Reinos. También podemos observar en este mismo lugar el Orbe relacionado con el descubrimiento de América. Se reserva también una zona para representar una Granada que simboliza la toma de Granada, ambos acontecimientos fechados muy próximos a la fundación de nuestra Villa (1492).

A los pies del Salón de Plenos podemos observar un importante lienzo fechado a finales del s. XIX obra del pintor gaditano Justo Ruíz Luna de quien existen obras expuestas en el Museo del Prado (Madrid).  Presidió durante una etapa los salones del Casino que existía en Puerto Real en aquella época y posteriormente, fue trasladado al Ayuntamiento. Representa, como en una gran parte de sus obras, una marina. Este cuadro está fechado a finales del s.XIX.